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La Coctelera

Jornada del futbol colombiano

La quinta jornada fue casi en su totalidad para los locales. Santa Fe, Once Caldas, Cali, Cúcuta, Quindío y Huila ganaron, mientras que hubo 3 empates, en Medellín, Bogotá con Equidad y Cartagena. Hubo 31 anotaciones, la de mayor cantidad en la temporada, y 6 jugadores fueron expulsados.

Santa Fe jugó su primer partido en el estadio El Campín de Bogotá después de casi 4 meses. El último partido que había jugado el conjunto cardenal había sido el 5 de noviembre de 2006 cuando Santa Fe derrotó a Once Caldas 3 a 1.

Cúcuta Deportivo es el líder del campeonato con 12 puntos y sumatoria perfecta. El cuadro campeón no pierde desde diciembre del año anterior cuando cayó con Millonarios 1 por 0 en Bogotá. Este miércoles jugarán estos dos equipos en El Campín.

Cali lleva 4 partidos ganando consecutivamente en el estadio Pascual Guerrero y Junior no gana en la ciudad de Cali al cuadro azucarero en las últimas 19 visitas.

Los únicos equipos que aún no han podido ganar esta temporada son Equidad, Millonarios, Pereira y Real Cartagena. Mientras que Nacional, Medellín, Cali y Cúcuta son los equipos invictos de este campeonato.

Óscar Londoño (Equidad), Eduardo Domínguez (Medellín), Jorge Díaz (Junior), Roller Cambindo (Tolima), Amir Buelvas (Pasto) y Manuel Valencia (Chicó), fueron los jugadores expulsados en la quinta fecha.

El equipo más goleador de esta temporada es Nacional con 11 anotaciones, mientras que Millonarios aún no ha hecho goles. La vaya menos vencida es la de Cúcuta con dos goles, mientras que Huila es la más vencida con 10 anotaciones.

Real Cartagena y Equidad son los últimos dos equipo en la tabla del promedio. Ambos equipos tienen 89 puntos, pero Equidad supera a Cartagena por goles de diferencia. Bucaramanga tiene 90 puntos y Junior, equipo grande, está con 96.

La agricultura y el TLC

Dentro de este orden de ideas, el Gobierno le concede particular importancia y prioridad al TLC con Estados Unidos. Por un lado, las cinco naciones que conforman el Mercado Común Centro Americano y la República Dominicana ya culminaron y suscribieron sus respectivas negociaciones. De otra parte, Chile y México pertenecen al grupo de países que también cuentan con su TLC. Y se estima que otras treinta naciones del orbe se encuentran en ese camino, aparte de nuestros vecinos del Ecuador y Perú, que las iniciaron simultáneamente y en la misma mesa con nosotros.

Así las cosas, si Colombia se hubiera marginado de las negociaciones bilaterales con Estados Unidos, la desviación de comercio que se habría generado estaría jugando fuertemente en contra nuestra, lo cual, sumado a la terminación de las preferencias del ATPDEA a finales de 2006, nos demuestra a las claras la inmensa relevancia de esta negociación.

Por su parte, el Gobierno de Estados Unidos ha insistido en que las negociaciones con Colombia tengan como guía el tratado suscrito con Chile. Sobre el particular, no tenemos objeción alguna, siempre y cuando se reconozca, como en efecto el representante comercial norteamericano lo ha admitido, la sensibilidad y la especificidad de la agricultura colombiana y sus sustanciales diferencias frente a la chilena.

En primer término, la agricultura chilena es mucho más pequeña que la nuestra, tanto en términos absolutos como relativos dentro del PIB; su composición está determinada por condiciones agroecológicas propias de las zonas templadas; y, con relación a la norteamericana, es de contra - estación y, por tanto, complementaria.

En segundo lugar, hay que tener en consideración la etiología rural del conflicto social que padece Colombia, y la estrecha conexión existente entre la suerte de nuestra agricultura y el terrorismo. En efecto, como ha sostenido el Presidente Uribe, en Colombia cada vez que se debilita la agricultura lícita, se fortalecen los cultivos de uso ilícito y los grupos violentos que derivan su financiamiento de la expansión de sus siembras y de su tráfico. Luego un eje fundamental de la lucha contra el terrorismo lo constituye la defensa del trabajo rural.

También debemos examinar minuciosamente la experiencia de México durante los diez años que lleva de vigencia su vinculación al Área de Libre Comercio de Norteamérica o NAFTA, su sigla en inglés, en particular su impacto sobre la dispar distribución de la riqueza y el creciente desequilibrio entre las regiones, a fin de identificar y adoptar oportunamente las medidas más apropiadas que minimicen los costos y maximicen los beneficios sociales en esas materias. Lo mismo que en lo tocante al diseño y puesta en marcha de su política agrícola, supuestamente orientada a fomentar el sector, promover el incremento sostenido de su productividad, propiciar su reconversión, e impulsar, si fuere del caso, el reemplazo de sus fuentes tradicionales de empleo rural.